Entre la solicitud y el tratamiento
Sobre los tiempos de espera en la asistencia psiquiátrica y las consecuencias de la espera
El hecho de que los periódicos y la televisión escriban constantemente sobre ello dice mucho sobre la magnitud del problema. Las listas de espera en la atención de salud mental son objeto de atención pública desde hace años. Periódicamente se publican cifras, análisis e historias personales que muestran lo grande que se ha vuelto la distancia entre pedir ayuda y recibirla. Un artículo reciente en De Telegraaf describía esa distancia como angustiosa. Para muchas personas, esa palabra encaja perfectamente con su propia experiencia.
Quienes se inscriben en los servicios de salud mental rara vez lo hacen a la ligera. A menudo, lo precede un largo período en el que la persona intenta seguir funcionando, relativiza las señales o se dice a sí misma que las cosas mejorarán por sí solas. La inscripción marca un punto de inflexión. Es el momento en el que se reconoce que ya no se puede seguir soportando la situación.
Después viene la espera.
Ese tiempo de espera se desarrolla en la vida cotidiana. El trabajo, las relaciones y las responsabilidades continúan. Las molestias siguen presentes. Se ha dado el paso hacia la asistencia sanitaria, pero la asistencia en sí misma aún se hace esperar. Esa tensión exige mucho a las personas que ya viven al límite.
Lo que indican las normas y lo que muestran las cifras
En los Países Bajos existen acuerdos sobre los tiempos de espera aceptables en la asistencia sanitaria mental. Las denominadas normas Treek describen lo que se considera razonable. Para una primera consulta, el tiempo de espera máximo es de cuatro semanas. Para el inicio de un tratamiento, es de diez semanas. Juntas forman una norma total de catorce semanas.
Las cifras disponibles muestran que estas normas se incumplen de forma sistemática. Los datos del RIVM y VZinfo revelan que los tiempos de espera aumentan especialmente en la atención psiquiátrica especializada. La organización De Nederlandse GGZ también lleva tiempo señalando este problema. En la atención psiquiátrica básica, los tiempos de espera medios suelen oscilar entre doce y diecinueve semanas. En la atención psiquiátrica especializada, estos promedios aumentan hasta quince y, en ocasiones, veintiocho semanas o más, dependiendo del diagnóstico y la región.
Estas cifras se repiten una y otra vez. Ya no son una excepción, sino una parte integral del panorama sanitario.

Diferencias según el diagnóstico y la región
Los tiempos de espera no muestran una imagen clara. La duración de la espera varía según el tipo de dolencia, el proveedor de asistencia sanitaria y la ubicación. Las personas con síntomas depresivos siguen procesos diferentes a los de las personas con trastornos de ansiedad o problemas más complejos. Las diferencias regionales también influyen.
En algunas zonas, las alternativas son limitadas y la presión es alta. En otras regiones, hay una mayor dispersión entre los proveedores. Las instituciones sanitarias publican cada vez más sus tiempos de espera. Las autoridades públicas y las organizaciones sectoriales recopilan estos datos en plataformas nacionales.
Esa transparencia ayuda a comparar y orientarse. La experiencia de esperar en sí misma apenas cambia.
Lo que la espera hace a las personas
Esperar no es una situación neutra. Para muchas personas, significa que los síntomas persisten sin asistencia profesional. Los pensamientos se repiten una y otra vez. La inquietud sigue presente. La capacidad de soportar la situación se ve sometida a presión, lo que dificulta el funcionamiento diario.
Algunas personas se cansan o pierden la motivación. Otras notan que los síntomas aumentan en intensidad, lo que más adelante puede requerir un tratamiento más intensivo. Por lo tanto, el período entre la solicitud y el tratamiento constituye una parte esencial del proceso de atención médica.
En el ámbito de la salud mental trabajan personas que cada día intentan satisfacer las necesidades de los demás, pero que cada vez más a menudo deben operar dentro de límites que no ellos mismos han establecido. Eso genera fricciones.
Lo que la gente puede hacer mientras tanto
Durante la espera, a menudo surge la necesidad de tener un punto de referencia. Tomar medidas prácticas puede ayudar a mantener una visión general. Hacer preguntas específicas al proveedor de atención médica puede ayudar a comprender las diferencias entre los distintos centros o procesos. También es posible ponerse en contacto con la aseguradora médica. Las aseguradoras médicas tienen la obligación de prestar asistencia y pueden mediar cuando los tiempos de espera superan los estándares establecidos.
Además, existen centros de información nacionales donde se publican los tiempos de espera. Estas plataformas ofrecen una visión general y ayudan a tomar decisiones. No eliminan la espera.
Durante ese tiempo de espera, las personas buscan formas de mantenerse a flote.

Espacio dentro del tiempo de espera
Además de medidas prácticas, muchas personas buscan formas de mantener el control. Estructurar el día, hacer ejercicio, hablar con otras personas y prestar atención al cuerpo son pequeñas formas de autocuidado que contribuyen a la estabilidad.
Algunas personas también buscan apoyo natural en esa fase. Dentro de ese panorama más amplio, a veces se menciona la microdosificación. Se trata de cantidades muy pequeñas de trufas mágicas, un producto natural que consiste en una combinación de diferentes sustancias.
Las trufas mágicas no se pueden reducir a un solo componente. La interacción de sustancias, a menudo denominada «efecto séquito», hace que las experiencias se manifiesten gradualmente. La experiencia es de naturaleza suave y requiere más percepción que expectativa.
La microdosificación requiere precaución e información. No sustituye a la atención profesional de salud mental. Para algunas personas, es una experiencia adecuada durante un período de espera.

Esperar como fase
Quizás te ayude no ver el tiempo de espera solo como un retraso, sino como una fase de transición. Si lo ves así, esa perspectiva puede darte un poco de espacio.
Los tiempos de espera en la asistencia psiquiátrica siguen siendo un problema social. Las autoridades, las organizaciones sanitarias y las aseguradoras publican cifras y buscan soluciones. Mientras tanto, la gente espera.
En ese periodo surge la pregunta de cómo pueden coexistir el cuidado, el autoconocimiento y el apoyo. La atención profesional de salud mental sigue siendo esencial. El diagnóstico y el tratamiento requieren experiencia.
Al mismo tiempo, existe un espacio en el que las personas pueden explorar por sí mismas, con atención y sin grandes expectativas, lo que les ayuda a superar esta fase.
Para quienes buscan, existen varias posibilidades.
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